Releyendo el blog
Lo dejo, no lo dejo, lo dejo, no lo dejo. Si lo dejo, me da pena; si no lo dejo, me agobia. Y así ando día a día, como la gata Flora, que si se la metes ríe y si se la sacas llora. Me refiero al blog, claro está.
Lo he convertido a formato epub para leerlo en el Metro y buscar respuestas, motivos por los que seguir o por los que abandonar. La verdad es que me estoy riendo bastante. Reconozco que hay post que son infumables, pero algunos son divertidos, tienen bastante chispa y están bien escritos. Hoy en día entre Facebook, Twitter, Tuenti, Google+, etc. muchas de las cosas que comentaba de forma extensa en el blog quedan resumidas en un par de líneas. Más cómodo y rápido, pero no me llena tanto. Entre nosotros: las redes sociales apestan. Yo, que soy ya viejuno, no termino de cogerles el punto.
Uso las redes sociales para seguir a grupos de música, medios de comunicación, personajes interesantes… pero cuando necesito contar algo, desahogarme o buscar consuelo, siento frío, mucho frío. Un día pones “estoy hasta la polla de todo”, por ejemplo, y las únicas respuestas que te encuentras son “A Pepito le gusta esto“. ¿Te gusta que esté hasta la polla de todo? Reconozco que no soy muy sociable, pero teniendo casi a 40 personas en Facebook, uno suele esperar algo más de calor. Que manera de destrozar el significado real de la palabra amigo. Nadie se imagina las decepciones que me he llevado…
Bueeeeeeeno, que me enrollo y no viene a cuento. Que no sé qué voy a hacer, que no prometo nada y que haré lo que me dé la gana
. De momento me voy a seguir leyendo el blog.





Después de casi un año sin escribir regularmente, uno se pregunta en qué fallo o qué pudo ocurrir hasta llegar a esa situación, más que nada por no volver a cometer los mismos errores. Varias son las razones que me hicieron perder el interés por el blog. Una de ellas fue los dos proyectos de los que os hablé tantas veces sin dar demasiados datos, y de los que salí un año después apaleado y con el rabo entre las piernas (aunque siempre lo he llevado ahí). Podría decirse que fui yo el que lo dejó, pero para ser sinceros, era una muerte anunciada y ya habían abusado demasiado de mi paciencia. No creo que vuelva a