Hoy os traigo una canción de los 90 que me ha sorprendido… La ponen mucho en un programa de radio al que estoy enganchadísimo y que se llama “La parroquia del Monaguillo”, en OndaCero. No os fiéis del nombre del programa porque tiene de todo menos religión
La canción se llama “Amor Suave” y os dejo la letra por si queréis hacer el karaoke.
Erupt, erupt
(varias veces)
Amor
Espero siempre deseosa nuestra cita
Nunca había deseado tanto estar
Con un hombre
Sin bañarme,
Sin agua fresca que entre en mi
Solo tu sabes llenarme de felicidad
Erúctame toda
Hola cariño como estas
Quiero que sepas
Que te quiero
Bésame
Pero tengo un problema
(Eructo)
(I can’t wait no more)
(x2)
Erupt, Erupt
(x2)
Sigue eructando por favor
Nunca había sentido nada igual
Amor mio erúctame toda
Lanza ese sonido que tanto me gusta
Susúrrame al oído tus eructos de amor latino
(I can’t wait no more)
(x2)
Tírame uno
Por favor
Y otro
Demuéstrame tu amor
Estoy eructando
(Eructo)
Advertencia:este es un post raro, largo y surrealista y puede inducir a pensar que el autor necesita tratamiento psicológico.
Hola amigos de la nave del misterio, soy Iker Jiménez y ya he colaborado alguna vez con mi compañero, amigo y autor de este blog, Javi, en casos tan enigmáticos como El misterio de la chica de la portada de Interviú o el del niño de los huevacos gigantes, ambos muy interesantes y dignos de estudio. Hoy vengo a relataros otro caso, amigos y compañeros, inquietante sin duda, pero no sin una explicación relativamente simple.
Hace poco me llego una grabación a mi despacho cuyo remitente era el autor de este blog. Sin tan siquiera leer el contenido del mail avisé a mi mujer, Carmen Porter, que además de ser una estupenda analista en los temas de psicofonías, no tiene precio como abrecartas (abrebotellas, etc.). Y es que amigos del misterio y lo paranormal, mi mujer tiene más dientes que una carreta de ajos… pobrecita mía. Pero volvamos al tema.
Carmen y yo fuimos directos a la sala de escuchas y nos colocamos los auriculares para escuchar la grabación que se encuentra a continuación. La verdad es que es un lujo ver a Carmen con los auriculares y con esos piños así que estuve más de un cuarto de hora, amigos y compañeros, descojonándome de risa. Sí amigos, porque ahí donde me veis soy muy animado y salao cuando quiero.
Pero sin más rodeos vamos a la grabación. Quizás tengáis que subir un poco el volumen, pero tranquilos que no es ningún susto de broma ni nada parecido. Es recomendable tener la última versión de flash y no usar el reader (os lo digo por si no os aparece el reproductor que hay a continuación):
Al principio, amigos y compañeros, he de decir que me hice caquita, como aquel que dice. Yo, que veo a la Virgen de Fátima en los restos de comida que se le quedan entre los dientes a mi querida Carmen, en seguida deduje que ese sonido paranormal, similar a una psicofonía, se asemejaba a una cámara de tortura, llena de arañazos, de rotura de huesos… Algo parecido a lo que propuse a Telecirco que instalaran en el confesionario de Gran Hermano. Carmen, que es más racional, me propuso acercarnos con un equipo de Milenio 3 y Cuarto milenio al lugar donde se daban los hechos: el trabajo de Javi.
Cuando llegamos a la oficina nos recibió una especie de hombrecillo con un parecido asombroso, amigos y compañeros de la nave del misterio, a Dobby, el elfo doméstico de Harry Potter. No podía dejar de estrecharle la mano y Carmen me tuvo que dar un pequeño mordisquito en la oreja (que me engorila sobremanera) para que le soltara. Como digo, se parecía a Dobby pero con pelo, y en lugar de llevar su viejo y sucio saco, llevaba puestos unos Levi’s y una camiseta que me pareció demasiado infantil para su edad. Hacía ruidos extraños acompasando cada movimiento de su cuerpo. Sonaban algo así como ¡GÜAYAAAAHH! Ciertamente, me encontraba fascinado… pero para mi más profunda decepción resultó ser el jefe de Javi. Yo pensé que podría llevarlo al laboratorio para hacerle un estudio y resulta que era una persona… Muy fea, por cierto.
El caso es estaba sólo en la oficina y nos invitó a que esperamos sentados en unos cómodos y roídos sofás que se encontraban en una esquina. Mandamos a los cámaras y al resto del equipo a tomar café. Mientras llegaba Javi, amigos y compañeros, Dobby nos relató innumerables historias que me parecieron, cuanto menos, sospechosas. Creo que mentía más que el Espejo Mágico de Carmen de Mairena. Mira que yo he vivido experiencias extrañas, pero es que las de Dobby eran de otro mundo: auriculares que se adherían a los huesos, gafas estereofónicas de hacía 20 años, extrañas pelotas de goma que con el rozamiento del suelo, en lugar de frenarse, se aceleraban y daban la vuelta al mundo por siempre jamás…
Por fin apareció Javi por la puerta, para nuestra satisfacción, y se sorprendió mucho al vernos “Iker, Carmen, ¿qué hacéis vosotros por aquí?“. Le expliqué que habíamos escuchado su grabación y que estábamos muy interesados en hacer un reportaje para los programas con todo el material que les pudiera facilitar. ¿Mi grabación?, dijo entre risas. Por un momento me tenían confuso y Carmen comenzaba a sacarme los dientes. “¿Leíste mi mail, Iker?“, dijo. ¿El mail? no entendía lo que pasaba. Javi se dirigió a su ordenador, abrió los elementos enviados de su programa de correo e imprimió una hoja. Cuando me la puso en las manos pude leer:
“Hola Iker, ¿qué tal va todo?
Por aquí todo bien salvo porque a mí jefe le ha dado por comer Chococrispis de un tupper y nos tiene a todos todo el día trabajando con cascos. Te mando una grabación que le he hecho esta mañana con mi mp3, bla bla bla…”
¡Era el propio Dobby, el jefe de Javi, el que provocaba los extraños sonidos mientras engullía a puñados unos inocentes CHOCOCRISPIS de un tupper!
Desde entonces, amigos y compañeros de la nave del misterio, mi querida Carmen ya no confía en mis instintos de investigación. Me ha mandado a dormir al sofá y me tiene a dieta de sexo. Lo bueno es que se me están curando las heridas que sus dientes me provocaban en la… eh… ummm… en fin, eso creo que mejor será una historia para otro día. Hasta entonces, un abrazo cósmico!
Hace cosa de un año, mi amigo Samu me comentó que él no iba nunca a la peluquería porque se cortaba él solo el pelo en su casa. Teniendo en cuenta que algunos nos solemos cortar siempre igual de corto, usando una máquina cortapelos y unas tijeras para los pequeños retoques se podían obtener resultados bastante profesionales. Me resultó convincente y, sumado a mi rechazo hacia las peluquerías (no me gusta que me toquen el pelo), me compré una máquina cortapelos baratita para probar. El primer experimento no salió del todo bien y provocó algo de cachondeo. Me había dejado un pequeño “escalón” entre la parte de arriba y los laterales, pero después de retocarlo un poco, ya nadie se dio cuenta y pasó por un corte de peluquería.
Un mes antes de la boda de mi primo, y ya con un cortapelos nuevo, no encajé bien el peine (que es el adaptador ese que se usa para marcar la longitud de corte) y al pasarme la maquinilla por todo el centro de la cabeza -para qué iba a empezar por un ladito…- el peine cedió y me rapó totalmente desde la frente hasta la coronilla. Acojonante la imagen… en fin, que como era agosto y hacía calor, pues bueno, volvió a parecer que lo había hecho a propósito y que era más que nada por la temperatura. Afortunadamente para la boda ya me había crecido un poco y no dí el cante.
Pero lo de esta ocasión supera todo lo anterior. Ayer por la mañana me dispuse a cortarme el pelo con toda mi ilusión ya que la vez anterior me había quedado perfecto. Cortecito por aquí, cortecito por allá, retoquito por aquí, quitaescalones por allá… me estaba quedando más corto que otras veces, pero bueno, me veía bastante bien y estaba satisfecho. Total, que llamé a Jose para que me echara una mano para recortarme el pelo del cogote cuando me dijo con una cara extraña:
“¿y esa raya?”
¿¿Raya?? ¿qué raya? Para mi desgracia, el espejo del armario de mi baño no me permite verme por la parte de atrás y por más que giraba la cabeza como un gilipollas no me lo veía. Me empecé a poner nervioso… “Jose, por favor, hazme una foto”, le dije angustiado.
¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡Pánico! Ni que decir tiene que cuando vi la foto quería que me tragara la tierra. Ese trozo que veis sin pelo y que parece la desembocadura del Ebro me lo había rapado sin querer al cero, probablemente al pasarme la maquinilla torcida por la parte de atrás. El peine no hizo su función y ¡RACAAAAAAAAAA! Durante unos minutos sufrí un colapso y, en plena crisis, pensé recoger el pelo del suelo y echarme pegamento de barra y cubrirlo, comprar limpiazapatos negro y darme en la calva… Ahora suena ridículo pero en ese momento no paraba de pensar: ¿Dónde coño voy ahora con la cabeza así?
Finalmente fui a la peluquería de Paqui, la tía de Jose, que además de partirse el culete de mí hizo lo que pudo para que pudiera salir de la peluquería con un mínimo de dignidad: me rapó todo el lateral de la cabeza al cero y me dejó un pequeño islote de pelo a modo de mopa en la parte de arriba de la cabeza, al más puro estilo cani… a mis 32 añazos… Soy lo más parecido a un Marine de los Estados Unidos (con la cara de capullo incluida).
La verdad es que durante un rato me deprimí bastante. No es normal que estas cosas me sigan pasando a la edad que tengo. Es que parece que no aprendo. A la gente le hacen mucha gracia mis historias, pero a mí ir mañana a trabajar con un gato negro tumbado en la cabeza… pues como que no me motiva mucho. Animado por Jose he pensado que lo mejor es tomárselo con humor y reírme de mi mismo antes de que lo hagan los demás. Eso sí, también tengo que repetir un millón de veces y memorizar esta sencilla frase:
NUNCA VOLVERÉ A CORTARME EL PELO YO SOLO EN LA VIDA
NUNCA VOLVERÉ A CORTARME EL PELO YO SOLO EN LA VIDA
NUNCA VOLVERÉ A CORTARME EL PELO YO SOLO EN LA VIDA
¿Y ahora? Pues nada, ahora a esperar a que me vuelva a crecer y a aguantar alguna burla que otra… pero así es mi vida. No me metáis mucha caña, por favor…